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Golosinas y estrés: círculo vicioso
En un trabajo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de Septiembre de 2003 y realizado por miembros del departamento de Fisiología y Neurociencias de la Universidad de California, San Francisco, sus autores llegan a la conclusión de que cuando las cosas no van bien, y los individuos afectados se lanzan compulsivamente a comer golosinas ricas en azúcares y grasas, hacen algo más que rendirse a sus adiciones, ya que sustancias como el chocolate y los helados -llamadas reconfortantes (comfort food) por los investigadores- bloquean literalmente la respuesta del organismo al estado de estrés crónico.
Este hallazgo confirma lo que mucha gente suponía: comer alimentos ricos en calorías parece que calma los nervios, pero comer demasiado puede conducir a la obesidad, a la depresión y a más estrés.
Ésta es la primera vez en que se ha demostrado -en experimentos en ratas- que la tendencia a comer demasiado en el estado de estrés crónico tiene una base biológica. Hasta este trabajo se sabía que señales metabólicas procedentes del cuerpo podrían bloquear y reducir la actividad de las hormonas producidas por el eje hipotálamo/hipófisis/glándula suprarrenal.
Los hallazgos publicados en este número de los PNAS descubren otros mecanismos cuyas acciones que permiten comprender como el estrés crónico y la ansiedad interactúan con los alimentos.
A la luz de estos hallazgos puede decirse que los dos tipos de estrés que sufre el organismo poseen distintos sistemas de frenado o bloqueo de su actividad hormonal para impedir que esta actividad quede fuera de control:
- El estrés agudo (la ansiedad que nos produce, por ejemplo, un atasco en la autopista) dispara una respuesta de alarma en el cerebro. Las señales son enviadas a las glándulas suprarrenales, las cuales liberan las hormonas del estrés. El individuo estresado de forma aguda se encuentra ansioso, en actitud defensiva y vigilante. Da por hecho que, atrapado en la autopista, no podrá conseguir alimentos, cosa que es útil cuando uno se encuentra en peligro. Y, entonces, en cosa de minutos, las hormonas del estrés, producidas en cantidad elevada por las glándulas suprarrenales, interactúan con el cerebro y bloquean la respuesta al estrés.
- En el estrés crónico, como el producido por el hecho de encontrarse bloqueado varias veces al día en la autopista, las hormonas del estrés se encuentran elevadas de manera crónica. Esta mantenida elevación activa los centros de la ansiedad en el cerebro, de modo que fluyen más señales estimuladoras hasta las glándulas suprarrenales, lo que hace que estas liberen más hormonas del estrés. El sistema se excita a sí mismo continuamente en un círculo vicioso.
Hasta ahora no se conocía de que modo el estrés crónico podría ser desconectado. Hace un año, los autores de este trabajo extirparon las glándulas suprarrenales de ratas y expusieron a éstas a una situación de estrés crónico.
Si añadían hormonas del estrés a los cerebros de las ratas, los animales seguían estresados. Pero, cuando las alimentaban con azúcar, los animales se calmaban.
Esto significa que el organismo dispone de un freno para la respuesta crónica al estrés, el cual parece formar parte de un "asa de retroalimentación" ("feedback loop") en la que se incluyen los depósitos de grasa abdominal, los alimentos ricos en calorías y los centros de placer en el cerebro.
Según ha declarado uno de los firmantes del trabajo, el Dr. Norman Pecoraro, "las hormonas del estrés incrementan la prominencia de la recompensa (...) Estas hormonas dicen al cerebro: ¡Consigue cosas buenas! (...) Estas cosas buenas pueden ser, entre otras, las golosinas preferidas, como chocolates y helados. Una vez repletos los depósitos de energía, una señal, que probablemente tiene su origen en los depósitos de grasa, tanto intra como extraabdominal, llega al cerebro diciéndole que ha llegado el momento de la calma: El ciclo crónico de estrés se detiene."
Para los autores de este interesante hallazgo, estos mecanismos de bloqueo del estrés crónico relacionados con la alimentación compulsiva, demostrados en ratas, podría explicar parte de la epidemia de obesidad que azota a la sociedad humana.
Fuente: PNAS
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