El marisco fresco

Los crustáceos (como el centollo, nécora, percebe, buey de mar, bogavante, cigala, gamba o langostino) han de presentar un caparazón brillante, con el cuerpo unido a la cabeza sin hendiduras (que cueste ligeramente separar la cabeza del cuerpo) y sin que esté ennegrecido, y la carne firme y elástica que presente un color blanco/rosado (que no presente tonalidades negruzcas, verdosas o amarillentas).

Los moluscos bivalvos (como el mejillón, almeja, ostra o chirla) han de presentar un olor intenso a mar. Las valvas han de ser difíciles de abrir, y si están abiertos reaccionan rápidamente a cualquier estímulo cerrándolas. El líquido interior ha de ser transparente y contener una carne consistente (que no esté blanda ni encogida en la concha).

Algunos moluscos bivalvos viven muy cerca de la costa, por lo que están expuestos a mayor contaminación, lo que puede dar lugar a que contengan mayor concentración de microbios. Normalmente se purifican dejándolos reposar en aguas limpias, algunas tratadas con sustancias higienizantes.

Los moluscos cefalópodos (como el calamar, pulpo, choco, jíbia o sepia) han de presentar un olor agradabe y una piel brillante y sin arrugas, con un color constante (en función de la especie), sin tonos rosas o violáceos. La carne ha de ser consistente y elástica, de forma que si presionamos no se deben marcar los dedos. Los tentáculos deben estar firmemente unidos al cuerpo.

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Domingo, 12 de Octubre del 2008

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