El 16 de Octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación, este año 2008 centrado en “La Seguridad Alimentaria Mundial: los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía”
El cambio climático nos afecta a todos. Pero las consecuencias serán mucho más perjudiciales para cientos de millones de pequeños agricultores, pescadores y personas cuyas vidas dependen de los bosques, y que son poblaciones ya vulnerables y expuestas a la inseguridad alimentaria. Al afectar a la disponibilidad de tierras de cultivo, agua y biodiversidad, y al precio de los alimentos, la creciente demanda de biocombustibles producidos a partir de cultivos alimentarios repercute también en las poblaciones pobres.
El Día Mundial de la Alimentación nos brinda la oportunidad de poner de relieve una vez más el flagelo que afecta a 862 millones de personas subnutridas del mundo. La mayoría de ellas vive en las zonas rurales, y el sector agrícola es su principal fuente de ingresos. Los progresos hacia la consecución del objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de reducir su número a la mitad para el año 2015 se han estancado ya. El calentamiento del planeta y el auge de los biocombustibles están amenazando ahora con aumentar incluso el número de personas hambrientas en los próximos decenios.
Adaptación al cambio climático
El cambio climático afectará a la idoneidad de las tierras para diferentes tipos de cultivos, ganado, pescado y pastos. Afectará también a la salud y la productividad de los bosques, la incidencia de plagas y enfermedades, la biodiversidad y los ecosistemas. Se prevé que los cambios en las temperaturas y las precipitaciones, así como la mayor frecuencia de condiciones meteorológicas extremas, determinarán reducciones de la producción agropecuaria y pérdidas tales de otros bienes que pondrán en peligro no sólo la producción de alimentos, sino también el acceso a los recursos alimentarios, así como la estabilidad y la utilización de los mismos.
La agricultura debería contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la aplicación de medidas tales como la reducción de la deforestación, la mejora de la conservación y ordenación de los bosques y de la lucha contra los incendios forestales, las actividades agroforestales para la producción de alimentos o de energía, la retención del carbono del suelo, el restablecimiento de las tierras mediante el pastoreo controlado, el mejoramiento de la nutrición del ganado rumiante como el ganado vacuno, una gestión más eficaz de los desechos del ganado, incluida la recuperación de biogás, y otras estrategias destinadas a conservar los recursos de los suelos y el agua mediante la mejora de su calidad, disponibilidad y uso eficiente. El uso de los biocombustibles como una solución para reducir las emisiones de carbono y depender menos de los combustibles fósiles tiene consecuencias decisivas para la seguridad alimentaria, así como para la utilización actual y futura de las tierras.
La tierra
El cambio climático amenaza con erradicar muchas comunidades rurales. Por ejemplo, la elevación del nivel del mar puede obligar a muchas comunidades ubicadas en las zonas costeras bajas y deltas fluviales de los países en desarrollo a desplazarse a zonas más elevadas. Asimismo, cada vez con mayor frecuencia las sequías provocadas por el cambio climático pueden obligar a los agricultores y los pastores que dependen de las precipitaciones a producir sus cultivos y ganado en conflicto unos con otros respecto de la disponibilidad de tierras y agua. Es probable que este desplazamiento de personas origine situaciones de competencia entre los migrantes y las comunidades establecidas respecto del acceso a las tierras. Los esfuerzos por conciliar las diversas necesidades en cuanto a la utilización de las tierras representan enormes desafíos para los gobiernos a todos los niveles. En los casos en que los derechos sobre las tierras no están formalizados y coexisten diferentes sistemas consuetudinarios de tenencia de las tierras, los gobiernos deberán trabajar en estrecha colaboración con las comunidades locales para establecer sistemas justos y equitativos de tenencia de las tierras y elaborar mecanismos para resolver las controversias.
El agua
Como consecuencia del cambio climático, los agricultores se enfrentarán con condiciones cada vez menos previsibles y de mayor variabilidad en el abastecimiento de agua y con una frecuencia creciente de sequías e inundaciones. El sector más afectado será la agricultura de secano, que abarca el 96% de todas las tierras cultivadas del África subsahariana, el 87% de América del Sur y el 61% de Asia. En las zonas semiáridas marginales con temporadas secas prolongadas, aumentará el riesgo de pérdidas de cosechas. En los casos en que no sea posible garantizar la estabilidad de la producción, las poblaciones se verán obligadas a emigrar.
Pero también el riego en las grandes cuencas y deltas fluviales está expuesto a riesgos debido a una combinación de reducción de la escorrentía, la salinidad (Indo), el aumento de las inundaciones y la elevación del nivel del mar (Nilo, Ganges-Brahmaputra, Mekong, Yangtse), y la contaminación urbana e industrial. Estas situaciones de estrés en algunas de las principales tierras productivas harán reducir la producción agrícola, la biodiversidad y la capacidad natural de los ecosistemas de recuperarse, con posibles efectos perjudiciales para millones de agricultores y consumidores de todo el mundo a medida que vaya limitándose progresivamente el suministro de alimentos. En las zonas en que se prevé se registrará una reducción de las precipitaciones será necesario mejorar el almacenamiento, la gestión y la productividad del agua. Los grandes sistemas de riego deberán adaptarse a los cambios en los regímenes de abastecimiento de agua y será necesario respaldar las medidas de control del agua en pequeña escala basado en el terreno.
La biodiversidad
En la Evaluación de Ecosistemas del Milenio de 2005 se estimó que, para el final de este siglo, el cambio y la variabilidad del clima serán los principales impulsores de la pérdida de biodiversidad. Pero según vaya cambiando el clima, aumentará el valor de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura. Los recursos genéticos constituyen la materia viva que las comunidades locales, los investigadores y los mejoradores utilizan para adaptar la producción alimentaria y agrícola a las necesidades cambiantes. El mantenimiento y la utilización de este depósito de diversidad genética constituirán la base para hacer frente al cambio climático.
La pesca y la acuicultura
Los efectos del cambio climático afectarán a las poblaciones que dependen de la pesca y la acuicultura al aumentar los costos de producción y comercialización, disminuir el poder adquisitivo y las exportaciones y aumentar los peligros que derivan de unas condiciones atmosféricas más desfavorables. Las pequeñas comunidades de pescadores de algunas zonas se enfrentarán con situaciones de mayor incertidumbre al disminuir la disponibilidad, acceso, estabilidad y utilización de alimentos y suministros alimentarios de origen acuático y escasear las oportunidades de trabajo. La producción acuícola, que actualmente representa el 45% del consumo mundial de alimentos marinos, seguirá aumentando para satisfacer la demanda futura. En este caso, el cambio climático ofrece nuevas oportunidades. Probablemente aumentará la producción en las regiones más templadas al mejorar las tasas de crecimiento, prolongarse la temporada de cría y disponer de nuevas zonas destinadas a la cría de peces donde un tiempo el clima era demasiado frío. Por consiguiente, aumentarán las oportunidades de desarrollo de la acuicultura en particular en las regiones tropicales y subtropicales, como las de África y América Latina.
Gestión del riesgo
Mucho se puede hacer ahora y en los próximos decenios para reducir los efectos más perjudiciales del calentamiento del planeta:
- elaborar modelos del clima y los efectos climáticos que permitan obtener una mejor comprensión sobre cómo puede afectar el cambio climático a la agricultura y el sector forestal a nivel local para estar mejor preparados;
- diversificar los medios de vida y adaptar la agricultura, la pesca y las prácticas forestales fomentando una mejor gestión del agua, la conservación de los suelos, la producción de cultivos y árboles resistentes;
- mejorar y ampliar las previsiones meteorológicas y climáticas;
- mejorar los sistemas de vigilancia y alerta;
- elaborar medidas de gestión del riesgo de desastres.
Para adaptarse mejor a los efectos del cambio climático:
- es necesario ajustar los planes sobre la utilización las tierras, los programas de seguridad alimentaria, las políticas relativas a los sectores pesquero y forestal.
- en los análisis de costo-beneficio es necesario tener en cuenta los riesgos del cambio climático para el riego o la protección de las costas.
- deberán promoverse las mejores prácticas de los agricultores mediante la creación de capacidad y el establecimiento de redes.
- es necesario prestar apoyo a la aplicación de los programas de acción nacionales para la adaptación al cambio climático.
- deberán elaborarse planes para imprevistos que tengan en cuenta posibles situaciones de riesgos nuevos y en evolución.
Fuente: FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación)