El boquerón, bocarte o anchoa europea, es un pescado azul de unos 20 cm de largo (tamaño adulto), con un alto valor comercial, que es capturado fundamentalmente para la alimentación humana.
Presenta un hocico puntiagudo, y una franja plateada sobre la línea lateral, que desaparece con la edad. Efectúa la puesta entre junio y julio; los huevos, de una peculiar forma alargada, flotan durante dos o tres días tras la fecundación hasta la eclosión de los alevines. Estos crecen muy lentamente (ejemplares de un año pueden medir menos de 3 cm) hasta alcanzar el tamaño adulto.
El boquerón o anchoa europea abunda a lo largo del año en todo el Mediterráneo, en la fachada atlántica de África y Europa (desde Sudáfrica al sur de Noruega) y está presente también en el Mar Negro y el Mar de Azov. En invierno, además, abunda especialmente en la costa sur de Inglaterra y Gales, en el Canal de la Mancha y en el Golfo de Guinea, pero en estos lugares no se producen capturas lo suficientemente abundantes como para considerarlas importantes desde un punto de vista comercial.
Se capturan con regularidad principalmente en las costas de España, Marruecos, Italia, Francia, Grecia, Turquía, y en menor cantidad en las costas de Bulgaria, Rusia, Georgia y Ucrania.
El boquerón es un pescado graso. En concreto, posee unos 6 gramos de grasa por cada 100 gramos de carne, aunque no es uno de los pescados más grasos (las sardinas, el atún o el salmón poseen un contenido graso superior).
La grasa presente en los pescados azules es rica en ácidos grasos omega-3, que contribuyen a disminuir los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, lo que previene la formación de coágulos o trombos. Por este motivo, se recomienda el consumo habitual de boquerones a la población general, y de manera particular, a las personas afectadas de trastornos cardiovasculares. Asimismo, el boquerón es una excelente fuente de proteínas de alto valor biológico, al igual que el resto de pescados. En cuanto a las vitaminas, destaca la presencia de algunas pertenecientes al grupo B como la B2, B3, B6, B9 y B12, todas ellas con importantes funciones. En general, estas vitaminas permiten el aprovechamiento de los nutrientes energéticos (hidratos de carbono, grasas y proteínas), e intervienen en procesos de gran importancia funcional (formación de glóbulos rojos, síntesis de material genético, funcionamiento del sistema nervioso y sistema de defensas, etc.). No obstante, la cantidad presente de estas vitaminas, salvo la B12, no es muy significativa si se compara con alimentos ricos en estos nutrientes (cereales integrales, legumbres, verduras de hoja verde, levadura de cerveza, hígado y carnes en general).
La riqueza en grasa del boquerón hace que contenga cantidades interesantes de vitaminas liposolubles como la A y la D. La vitamina A contribuye al mantenimiento, crecimiento y reparación de las mucosas, piel y otros tejidos. Favorece la resistencia frente a las infecciones, y es importante en el desarrollo del sistema nervioso y en el crecimiento óseo. La vitamina D regula los niveles de calcio en la sangre y favorece su absorción y la fijación de este mineral en los huesos.
En lo relativo a los minerales, el boquerón es buena fuente de magnesio y yodo, y su contenido medio de hierro es equiparable al de la mayoría de los pescados. El magnesio se relaciona con el funcionamiento de intestinos, nervios y músculos. El yodo es indispensable para el buen funcionamiento de la glándula tiroides, que regula numerosas funciones metabólicas, así como para el crecimiento del feto y el desarrollo de su cerebro durante el embarazo. El hierro forma parte de la hemoglobina, proteína que transporta el oxígeno desde los pulmones a todas las células del organismo, por lo que su aporte adecuado previene la anemia ferropénica. Cabe destacar que cuando el boquerón se consume entero, sobre todo en forma de anchoas en conserva, se aprovecha el calcio que contienen sus espinas. De hecho, la cantidad de calcio que aportan 100 gramos de este pescado es similar a la de un vaso de leche.
Las anchoas, y en general los pescados en conserva, poseen cantidades elevadas de sodio, mineral que se usa como conservante, por lo que su consumo está desaconsejado en personas con hipertensión arterial o problemas de retención de líquidos. Además, el boquerón presenta otro inconveniente que comparte con todos los pescados azules y es su contenido en purinas, que en el organismo se transforman en ácido úrico, por lo que no se aconseja en caso de hiperuricemia o gota.
El boquerón es, junto con la merluza, el principal alimento relacionado en la infección por Anisakis según los últimos estudios realizados por la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. Éste parásito se localiza en las vísceras del pescado y pasa al músculo del pez cuando muere. El Anisakis se ingiere cuando se toma pescado crudo o poco cocinado, por lo que las semiconservas de anchoa y los boquerones consumidos crudos, tan sólo macerados en ajo, aceite y vinagre, constituyen un foco potencial esta infección.
En cuanto a sus aplicaciones culinarias, una forma fácil y exquisita de preparar los boquerones es freírlos o asarlos. El boquerón frito se hace abierto y sin espinas, una vez cortada la cabeza y sin tripa. Puede hacerse frito harinado o sin harina. Para hacerlos a la "andaluza", se sustituye la harina de trigo por harina de garbanzo. Para preparar el boquerón a la plancha, se abre, se le quita la raspa en la misma plancha y se sirve con limón y un poco de aceite crudo (en Murcia les llaman los "boquerones amariconaos"). Si el boquerón es muy fresco, una de las recetas más populares es el boquerón en vinagre, que consiste en dejar macerar los filetes del boquerón limpio en vinagre y, después de escurrirlos, aliñaros con aceite de oliva, ajo y perejil. En muchas partes del mediterráneo se prepara un arroz con boquerones, que resulta realmente exquisito por su sabor delicado.