Aguas termales

 
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Los sanadores de la cultura asirio-babilónica ya utilizaban los baños, el calor y el masaje, junto con plantas medicinales, para la curación de enfermedades.

BalnearioEn Europa, específicamente en Italia, la explotación de manantiales calientes tiene orígenes antiguos. Los etruscos, que utilizaron los abundantes manantiales termales en su territorio con fines terapéuticos, aprendieron los elementos de la medicina sagrada, que tenía el carácter de las artes mágicas, de los griegos. 

En Grecia consiguieron sistematizar el uso de las aguas medicinales de manera que disponían de manantiales para sanar en la mayoría de los centros de tratamiento, denominados "hercúleos", en honor al dios Hércules, a quién atribuían el don de conceder a las aguas su poder curativo.

Las curaciones se realizaban en los templos dedicados a Esculapio, erigidos en sitios considerados como convenientes para la curación en virtud de su ubicación y belleza natural. Uno de los prerrequisitos de estos lugares era contar con un manantial.

La hidroterapia introducida en Roma por Asclepio (Esculapio) fue difundida por los estudios y la práctica de Celso, Plinios y Galeno. Esta se basaba en las propiedades físicas del agua, especialmente la temperatura. Las aguas se clasificaban de acuerdo con los minerales que contenían.

Los baños fueron posteriormente desarrollados por los romanos, que construyeron lujosos centros de baños en sus pueblos. El propósito de los baños romanos era más complejo que aquellos que se encontraban en lugares naturales de curación. Los baños romanos se convirtieron en lugares de reuniones y en centros de entretenimiento, cultura, gimnasia, arte, debate, limpieza y curación. Los romanos introdujeron en la Península Ibérica estas prácticas, sembrándola de termas -como las de Alange en Badajoz, Archena en Murcia, Broquetas en Barcelona o las de Lugo-, la mayoría de las cuales fueron destruídas durante la invasión bárbara.

Con la caída del imperio romano y las repetidas invasiones de los bárbaros, los baños que se mantuvieron en pie rápidamente pasaron a un segundo plano y sólo se dedicaron a una élite reducida. Rápidamente, los invasores conocieron sobre el uso de las aguas para la curación. Algunos centros termales fueron restaurados y, en algunos casos, se desarrollaron nuevos manantiales, como la Alhama de Aragón o la Alhama de Granada.

En el período comunal, la medicina en balnearios formó parte integral de la medicina oficial y fue enseñada en las principales escuelas de medicina. Muchas enfermedades, incluidas las enfermedades de la piel, se trataban en los balnearios, por ejemplo, en Abano, Lucca y Montecatini.

Pero la cultura cristiana prohibió y penalizó su uso, ya que veía en ellas una invitación a la promiscuidad y al pecado, aunque algunos papas o monarcas como Carlomagno siguieron realizando y recomendando estas prácticas.

Habrá que esperar hasta los siglos XVIII y XIX para ver resurgir el termalismo en España (en el siglo XIX, Fernando VII crea la figura del médico-director de baños), aunque el verdadero auge de esta costumbre tendrá lugar en los años veinte. Se tiene constancia de que en esta época funcionaban 186 establecimientos en España. La aristocracia, la burguesía y la clase política los pusieron de moda.

Sin embargo, con los avances de la ciencia médica (con el descubrimiento de las sulfamidas y los antibióticos) y con la nueva moda de ir a la playa, los balnearios dejaron de ser los centros de tratamiento de enfermedades como el raquitismo, el reuma, la gota o la tuberculosis.

La abundancia de manantiales minerales en Italia ha dado lugar a la construcción de muchos balnearios con diferentes características. La mayoría de estos manantiales tienen agua caliente como resultado de los fenómenos volcánicos que son especialmente evidentes en zonas como los Apeninos entre Toscania y Emilia, el Vesuvio y Sicilia.

En períodos posteriores, la medicina de balnearios en Italia continuó siendo muy importante y esta tradición milenaria ha llegado hasta nuestros días.

A finales del siglo XX vuelve a resurgir de nuevo la costumbre de acudir a los balnearios en España y surge el Programa de Termalismo Social, que ofrece la posibilidad de acudir a una estación termal para aliviar determinadas dolencias.

Tipos de aguas termales

- SULFATADAS: Se recomiendan para la artrosis y la artritis y el aparato respiratorio. Se caracterizan por su olor a huevos podridos. También están recomendadas para el aparato digestivo. Su sabor es amargo.
- BICARBONATADAS: Se recomiendan para el aparato digestivo y urinarios. Poseen un sabor parecido al del bicarbonato.
- CON ALTO CONTENIDO EN HIERRO: Se recomiendan en casos de anemias y convalecencias. Son de color rojizo y saben a óxido.
- CLORURADAS: Activan el aparato digestivo y tiene un efecto sedante, analgésico y antiinflamatorio. Son de sabor salado o ácido, dependiendo de su contenido en sodio y gas.
- CARBOGASEOSAS: Estimulan el apetito.

Más información sobre balnearios:
- Asociación Nacional de Estaciones Termales
- Programa de Termalismo Social: A través del Programa de Termalismo Social se propociona a los pensionistas que, por prescripción facultativa lo precisen, los tratamientos que se prestan en los balnearios, a precios reducidos. Aquí encontrarás toda la información al respecto.

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Viernes, 21 de Noviembre del 2008

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